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Amianto: cuando la economía, el ambiente, la salud y el derecho entran en conflicto

Durante casi 100 años la industria utilizó masivamente amianto a sabiendas de que resultaba extremadamente dañino para la salud.

Anteponer los intereses económicos a los de la salud pública costó la vida de cientos de miles de personas y contaminó el ambiente de tal manera que todavía seguirá muriendo mucha gente durante las próximas décadas. Finalmente, las indemnizaciones por litigios relacionados con la exposición al amianto terminaron siendo tan costosas que arruinaron a la mayor parte del sector. Solamente en Estados Unidos hay 8.000 acusados en demandas por daños producidos por el amianto y se estima que las indemnizaciones a los afectados pronto alcanzarán los 275.000 millones de dólares. En nuestro país el amianto es también un importante problema de salud pública con derivadas judiciales relevantes.

Lo que llamamos amianto (o asbesto) es un grupo de 6 minerales fibrosos, formados por silicatos de cadena doble, que aparecen en largas fibras resistentes a la tracción, tan flexibles que incluso pueden tejerse y aguantan temperaturas extremadamente altas1.

El amianto fue usado por primera vez en Finlandia oriental hace casi 5.000 años para reforzar vasijas de barro2. También hay evidencias de su uso eventual por antiguos egipcios, griegos y chinos 3,4. En este sentido Herodoto describió el uso de mortajas de amianto en las incineraciones con el fin de evitar que las cenizas de los muertos se mezclasen con las de la pira funeraria. Pero fueron los romanos quienes montaron una importante industria de asbesto fabricando millones de mechas de amianto para las lamparillas de aceite que eran claves en la iluminación de los hogares del imperio. Galeno, tras estudiar durante años a los esclavos que trabajaban en la manufactura del amianto, comprendió que la exposición a este material era muy peligrosa para la salud y acortaba significativamente la vida por enfermedades pulmonares5.

La moderna industria del amianto se desarrolló a gran escala a finales del siglo XIX. En 1871 se estableció en el Reino Unido la Patent Asbestan Manufacturing Company, a la que siguieron numerosas compañías en Inglaterra y Escocia,así como en Alemania 6,7, mientras la minería a gran escala comenzaba en Quebec8. En la década de 1890 las minas de Quebec produjeron más de 10.000 toneladas de amianto9. Durante casi 100 años, la mina de amianto más grande del mundo fue la mina Jeffrey en la ciudad de Asbesto (Quebec)10. El amianto se utilizó cada vez más en diversas industrias, como la naval, la automotriz y la textil, desde aislamientos ignífugos a pastillas de frenos, pero sobre todo se utilizó masivamente en la construcción en forma de amianto cemento. Como resultado la gran mayoría de las ciudades siguen teniendo enormes cantidades de amianto. Su uso en España comenzó en 1907 con una empresa distribuidora que pocos años después se transformaría en Uralita. En España seguimos llamando «uralita» al amianto-cemento.

A finales del siglo XIX, Lucy D Streatfeild, la primera mujer inspectora de trabajo en Reino Unido fue pionera en documentar los graves efectos del amianto en la salud de los trabajadores, -lo que fue ratificado por el Inspector jefe de Fábricas y Talleres del Reino Unido en su informe anual de 189811-. A principios del siglo XX ya se habían documentado muchas muertes producidas por amianto en Inglaterra, Francia e Italia7. Poco después llegaron las primeras publicaciones científicas en las mejores revistas médicas del mundo describiendo las enfermedades producidas por el amianto (asbestosis, cáncer de pulmón y mesotelioma de pleura)12.

El Parlamento Británico encargó a una serie de médicos, científicos y técnicos un informe sobre los efectos dañinos del amianto que fue entregado en 1930 concluyendo que «el desarrollo de la asbestosis está irrefutablemente vinculado a la inhalación de polvo de amianto»13. Este estudio presentaba datos demoledores: el 66% de los trabajadores expuestos al amianto estaban severamente incapacitados por asbestosis pulmonar. Tras este informe el Parlamento Británico propuso la primera regulación sobre amianto el 1 de marzo de 1932, legislando acerca de la ventilación obligatoria de los lugares donde se trabajaba con amianto.

Pero la industria del amianto contraatacó, iniciándose una larga lucha entre los expertos en medicina y salud pública que abogaban por la prohibición total del amianto dada su extrema peligrosidad y el sector del asbesto totalmente reacio a cualquier tipo de regulación.

Generaciones de científicos demostraron en centenares de trabajos el extremo peligro de todos los tipos de fibras de amianto a cualquier tipo de dosis, tanto para humanos como para animales 14. La gran mayoría de los mesoteliomas (un tipo de cáncer con una esperanza de vida de menos de 12 meses tras el diagnóstico) se producen por una única causa: la exposición al amianto, aunque sea una exposición muy corta y a muy baja dosis15.

A partir de los años 30 del pasado siglo el sector del amianto inició importantes campañas en contra de su prohibición, argumentando que si se adoptaban medidas de protección de los trabajadores (como ventilación, vestuario adecuado y mascarillas…) el amianto sería seguro. Pero a partir de los años 50, cuando los científicos ya habían acumulado pruebas abrumadoras de que el amianto era peligroso incluso a muy baja dosis, el sector intensificó sus campañas negacionistas basando su defensa en 3 argumentos falaces:

El primero de ellos se basaba en el desfase temporal entre la exposición al amianto y el desarrollo de la enfermedad. Argumentaban que uno se exponía al amianto, pero no se moría poco después. Por supuesto si una persona se expone a una dosis de amianto en un momento dado, aunque esta exposición le produzca cáncer, la enfermedad no se va a manifestar de inmediato (pueden a pasar años hasta que el cáncer se ha desarrollado lo suficiente como para ser detectable). Eso pasa con todos los carcinógenos conocidos.

El segundo fue decir que el daño atribuido al amianto se debía principalmente al tabaco. Este argumento fue la principal defensa presentada por el sector contra las demandas de las personas expuestas al amianto. Pero el amianto produjo asbestosis, cáncer de pulmón y mesotelioma de pleura en multitud de personas que jamás fumaron un solo cigarro.

El tercero de ellos fue, sin duda, el más sofisticado: asegurar que hay un umbral de seguridad en la concentración de fibras de amianto en el aire por debajo del cual el amianto no es dañino.

Durante los años 90 del siglo pasado estuvimos implicados en la investigación sobre el amianto en nuestro país, trabajando en distintos proyectos Universidad Empresa para URALITA y la Asociación de Fabricantes de Crisotilo-Cemento. Por una parte, seguían intentando demostrar que existía un umbral de seguridad en el amianto. Por otra, intentaban estimar el número de trabajadores del sector que terminarían desarrollando mesotelioma de pleura, cáncer de pulmón y asbestosis. Probamos que científicamente no se podía demostrar la existencia de un umbral de seguridad para el amianto16 y que el número de trabajadores del sector que desarrollaría las enfermedades propias de la exposición al amianto sería tan grande que difícilmente podría hacerse frente a las indemnizaciones judiciales que previsiblemente se derivarían de estos procesos.

La Organización Mundial de la Salud calcula que el amianto es responsable del 70% de los cánceres de tipo laboral en todo el mundo y que cerca de 200.000 personas al año mueren por exposición al amianto17. Tras la fuerte presión de médicos y científicos advirtiendo de la extrema peligrosidad del amianto, finalmente se prohibió en 67 países (incluida la Unión Europea) durante la última década del siglo XX y la primera del XXI18. En España una Orden Ministerial del 7 de diciembre de 2001 prohibió producir, comercializar e instalar amianto, así como productos que lo contengan.

El problema es que hemos utilizado tanto amianto que, a pesar de su prohibición hace más de 20 años, todavía seguimos estando muy expuestos principalmente por culpa del amianto-cemento19 y lo más probable es que seguiremos estando expuestos durante décadas. A diferencia de otros tipos de contaminación (por ejemplo, pesticidas, hidrocarburos, microplásticos) que acaban dispersándose en el ambiente y terminan afectando a la mayoría de los ecosistemas, el amianto se encuentra principalmente en los entornos humanizados.

Es difícil estimar la cantidad total de afectados que el amianto producirá en un futuro próximo pues dependerá en buena medida de los recursos que destinemos a la eliminación del amianto. Pero las estimaciones son preocupantes: así, para la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica, el amianto es una pandemia que provoca 88.000 muertes al año en Europa, estimando que en España el total de muertes por esta causa podría alcanzar los 130.000 para el año 2050 20.

Consecuentemente las reclamaciones judiciales de los afectados por el amianto son enormes en todo el mundo21: Solo en Estados Unidos los litigios por exposición al amianto son con mucho los más largos y costosos de su historia. De momento involucran a más de 8.000 acusados y más de 700.000 demandantes, pero alrededor de 50.000 personas al año presentan nuevas denuncias por enfermedades provocadas por la exposición al amianto. A principios de la década de 1990, más de la mitad de los 25 mayores fabricantes de amianto de los Estados Unidos, incluidos Amatex, Carey-Canada, Celotex, Eagle-Picher, Forty-Eight Insulations, Manville Corporation, National Gypsum, Standard Insulation, Unarco y UNR industries habían quebrado por los pagos de indemnizaciones que se estima que pronto alcanzarán un total de 275 mil millones de dólares21.

No cabe duda de que durante más de cien años el sector del amianto fue económicamente próspero. Pero tuvo un coste en vidas humanas, sufrimiento y enfermedad totalmente inasumible. Probablemente cuando en el futuro se pueda hacer un balance económico real de lo que fue el amianto, incluyendo todos los costes por indemnizaciones a afectados y especialmente los enormes gastos derivados de su descontaminación, una labor que todavía tardará varias décadas en completarse, veremos que en realidad no fue tan buen negocio.

Entonces ¿Por qué se hizo? A finales de la década de los 90 asistimos a una importante reunión del sector del amianto (que por entonces ya sabía que tenía sus días contados). Reflexionaron sobre su propia historia concluyendo que al principio el amianto parecía una buena solución técnica para fabricar fibrocementos y aislantes ignífugos. Los ingenieros estaban contentos. A nivel económico también era un gran negocio. Y aunque los científicos y médicos advertían de que el amianto era un gran peligro para la salud, los sueldos de mucha gente del sector dependían de no entender que el amianto era peligroso. 

Desafortunadamente el amianto no es el único negocio aparentemente rentable

que nos empieza a estallar entre las manos…


Referencias y notas

1.       Asbestos NCBI Bookshelf. National Academies Press (US). 2006.

2.       M. Ross & R. Nolan (2003). History of Asbestos Discovery and Use of Asbestos-Related Disease in Contextualizados with the Ocurrence of Asbestos within Ophiolite Complexes. In Dilek, Yildirim & Newcomb, Sally (eds.). Ophiolite Concept and the Evolution of Geological Thought. Special Paper 373. Boulder, Colorado: Geological Society of America. ISBN 978-0-8137-2373-0.

3.       Caley, Earl R.; Richards, John F. C. (1956). Commentary on «Theophrastus on Stones»Graduate School Monographs: Contributions in Physical Science, No. 1. Columbus, OH: The Ohio State University. pp. 87–88.

4.       J Needham. (1959). Asbestos. Science and Civilization in China: Volume 3, Mathematics and the Sciences of the Heavens and the Earth. Cambridge University Press. ISBN 9780521058018.

5.       Galeno C. A Translation Of Galen’s Hygiene: De Sanitate Tuenda. Literary Licensing LLC Edt . (2012). ISBN 13: 9781258437404.

6.       Asbestos & Clydebank.  Archives of Clydebank. Asbestos Group. (2014)

7.       I. J. Selikoff (1978). Asbestos and Disease. Elsevier. ISBN 987-0-323-14007-2.

8.       W.H. Atherton & E.P. Conklin. (1931). The Storied Province of Quebec: Past and Present. Vol V. Waybay Machine National Resources Canada

9        J. Udd. (1998). A Chronology of Minerals Development in Canada. Waybay Machine National Resources Canada.

10.     J E Kogel Edt. (2006). Industrial Minerals and Rocks.  Society for Mining, Metallurgy, and Exploration. ISBN 978-0-87335-233-8.

11.     Annual Report of the Chief Inspector of Factories and Workshops for the year 1898. Part II Reports. Her Magesty’s Stationary Office. London.

12.     W.E. Cooke, (1924). Fibrosis of the Lungs Due to the Inhalation of Asbestos Dust. British Medical Journal 2 (3317): 140-147.

13.     «Report on the effects of asbestos dust on the lungs and dust suppression in the asbestos industry. Part I. Occurrence of pulmonary fibrosis and other pulmonary affections in asbestos workers. Part II. Processes giving rise to dust and methods for its suppression. London. 1930.

14.     Entre los centenares de trabajos demostrando el peligro del amianto citamos como ejemplo:

          – J LaDou (2004). The asbestos cancer epidemic. Environ Health Perspect.                         112:285-290

          – K. Straif, L Benbrahim-Tallaa, R Baan et al. (2009). WHO International Agency for              Research on Cancer Monograph Working Group. The Lancet Oncology. 10 (5):                       453–4. doi:10.1016/S1470-2045(09)70134-2.

          – Kanarek, M. S. (2011). «Mesothelioma from Chrysotile Asbestos: Update». Annals      of Epidemiology. 21 (9): 688–97. doi:10.1016/j.annepidem.2011.05.010

          –  Asbestos: Elimination of Asbestos Related Diseases. (2014) World Health                              Organization. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/asbestos

           – Furuya, O. Chimed-Ochir, K. Takahashi, A. David, J. Takala (2018). Global                              asbestos disaster. Int J Env Res Pub Health, 15 (5)

          – B. T. Mossman, J. Bignon, M. Corn A. Seaton, & J. B. L. Gee (1990)  Asbestos:                         Scientific Developments and Implications for Public Policy. Science  247: 294-301

          DOI: 10.1126/science.2153315.

15.     – M.S. Kanarek (2011). Mesothelioma from chrysotile asbestos: update. Annals of                Epidemiology. 21 (9): 688–697. doi:10.1016/j.annepidem.2011.05.010.

          – T.A. Sporn T & V.L. Roggli VL (2004). «Mesothelioma». In Roggli VL, Oury TD,                          Sporn TA (eds.). Pathology of Asbestos-associated Diseases (2nd ed.). Springer.

          – G. Hillerdal (1999). Mesothelioma: cases associated with non-occupational and              low dose exposures. Occupational and Environmental Medicine. 56 (8): 505–513.

16.     – M. Camus, J. Siemiatycki, B. Meek, A Garrido, V.J. Goyanes, E Costas, (1998)

Nonoccupational Exposure to Chrysotile Asbestos and the Risk of Lung Cancer.

The New England Journal of Medicine. 338: 1565 – 1571-S.          

17.     World Health Organization. One Health. (2023). https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/asbestos.

18.     L Kazan-Allen. Chronology of Asbestos Bans and restrictions. International Ban Asbestos Secretariat (2020).

19.     Además de la exposición derivada de las numerosas construcciones que emplearon amianto-cemento (¿quién no estuvo alguna vez cerca de un cerramiento de uralita?), de aislantes ignífugos en barcos y trenes (resultan tristemente célebres los casos de exposición al amianto de trabajadores del sector naval del Ferrol o del metro de Madrid ), hay también exposiciones de las que resulta más difícil darse cuenta: por ejemplo hace 10 años trabajamos como investigadores principales en un proyecto Universidad-Empresa (modalidad artículo 83 de la LRU) entre la UCM y el Canal de Isabel II sobre detección de biofilms microbianos en tuberías de abastecimiento de agua potable a la ciudad de Madrid. Por aquel entonces aproximadamente el 20% de las muestras que nos llegaron procedían de tuberías de amianto-cemento.

20.      https://www.separ.es/registros-erom

21.     – Security Stranded Assets. Lloyd’s. 2017.

          – J. S. Hopkins (2015). Disease victims often shut out of workers comp system.                            The Center for Public Integrity.

          – K.R. Meyer, I. J. Whittenburg, B. P: Sharkey (2005). Emerging trends in asbestos             premises liability. Defense Counsel Journal. 72: 241.

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Autoría

Eduardo Costas Costas

Catedrático de Genética. Facultad de Veterinaria. UCM. Académico Correspondiente de la Real Academia Nacional de Farmacia.

Victoria López-Rodas

Catedrática de Genética en la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid y Directora del Grupo de Investigación, Biotecnología de microalgas: producción y toxicidad (ALBIOTOX).

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