Introducción
Las resistencias antimicrobianas se han convertido en una de las mayores amenazas para la salud pública mundial. La pérdida progresiva de eficacia de los antibióticos compromete no solo el tratamiento de infecciones humanas y animales, sino también la seguridad alimentaria, la sostenibilidad de los sistemas sanitarios y la capacidad de respuesta ante futuras crisis de salud. Con el objetivo de analizar este desafío desde una perspectiva multidisciplinar, Ciencia en Sociedad de la Fundación Fide celebró la sesión “Resistencias Antimicrobianas: ¿una pandemia silenciosa?”, moderada por Luis Miguel Ortega Mora, catedrático de Sanidad Animal en la Universidad Complutense de Madrid, director del grupo SALUVET y miembro de la Comisión Científico-Técnica de Ciencia en Sociedad de Fide. En el encuentro participaron Juan Martínez Hernández, doctor en Medicina Preventiva y Salud Pública del Hospital Universitario de Móstoles y profesor de la Universidad Rey Juan Carlos; Azucena Mora Gutiérrez, catedrática de la Universidad de Santiago de Compostela y miembro del Comité Científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria; y Cristina Muñoz Madero, coordinadora del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antimicrobianos (PRAN) en la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. A lo largo de la sesión, los expertos abordaron la dimensión científica, sanitaria y estratégica de un problema que exige respuestas coordinadas bajo el enfoque One Health, integrando la salud humana, animal y ambiental.
Grabación de la sesión
Resumen ejecutivo
En la apertura de la sesión, Luis Miguel Ortega Mora recordó que la Organización Mundial de la Salud considera las resistencias antimicrobianas uno de los principales riesgos para la salud pública mundial. Se trata de un problema que trasciende el ámbito sanitario y afecta también a la producción de alimentos, la sostenibilidad económica y la seguridad global. Precisamente por ello, la jornada se planteó desde la perspectiva One Health o “Una Sola Salud”, que reconoce la interdependencia entre la salud humana, animal y ambiental.
Los antibióticos: una herramienta imprescindible en riesgo
Azucena Mora abordó la cuestión desde la óptica de la producción animal y la seguridad alimentaria. Recordó que la población mundial continúa creciendo y que garantizar alimentos seguros, saludables y sostenibles para casi 10.000 millones de personas en las próximas décadas constituye uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo.
En este contexto, los antibióticos son una herramienta esencial para preservar la salud animal y asegurar sistemas productivos eficientes. Sin embargo, la aparición y expansión de bacterias resistentes amenaza su eficacia y pone en riesgo tanto la salud pública como la seguridad alimentaria. La resistencia a los antibióticos es un fenómeno natural: las bacterias llevan millones de años desarrollando mecanismos para sobrevivir a sustancias antimicrobianas. El problema surge cuando el uso y abuso de antibióticos acelera enormemente estos procesos evolutivos. Las bacterias resistentes no solo sobreviven al tratamiento, sino que pueden transmitir esos mecanismos de resistencia a otras bacterias, incluso de especies diferentes.
La situación es especialmente preocupante porque el desarrollo de nuevos antibióticos se ha ralentizado significativamente. Mientras las bacterias adquieren resistencias con rapidez, la llegada de nuevas familias de antibióticos al mercado es cada vez más escasa, lo que reduce las opciones terapéuticas disponibles.
Una crisis sanitaria de dimensión mundial
Las resistencias antimicrobianas han pasado a ocupar un lugar prioritario en las agendas internacionales. Naciones Unidas dedicó recientemente una Asamblea General específica a este problema, estableciendo compromisos globales para reducir la mortalidad asociada a las resistencias antes de 2030. Las estimaciones más recientes apuntan a que las muertes directamente atribuibles a las resistencias podrían duplicarse de aquí a 2050, alcanzando cifras cercanas a los dos millones de fallecimientos anuales. A ello se suman enormes costes económicos derivados de hospitalizaciones prolongadas, tratamientos más complejos, pérdida de productividad y sobrecarga de los sistemas sanitarios.
Además, la pérdida de eficacia de los antibióticos comprometería procedimientos médicos que hoy consideramos rutinarios, como cirugías, trasplantes, tratamientos oncológicos o cuidados intensivos, todos ellos dependientes de la capacidad de controlar infecciones bacterianas.
One Health: la única estrategia posible
Uno de los mensajes centrales de la intervención de Azucena Mora fue que las resistencias antimicrobianas solo pueden abordarse mediante una estrategia integrada. Las evidencias científicas muestran que las bacterias y sus genes de resistencia circulan entre personas, animales, alimentos y medio ambiente. Los avances en secuenciación genómica permiten seguir estos movimientos con una precisión impensable hace apenas dos décadas, demostrando que no existen fronteras biológicas entre los distintos compartimentos.
Por ello, organizaciones internacionales como la OMS, la FAO, la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente han adoptado conjuntamente el enfoque One Health como marco de referencia para afrontar este desafío. La clave reside en compartir datos, coordinar sistemas de vigilancia, desarrollar modelos integrados de evaluación de riesgos y fortalecer la capacidad de anticipación y respuesta temprana.
El papel del PRAN: una década de transformación
Cristina Muñoz Madero presentó la evolución del Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antimicrobianos (PRAN), coordinado por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios desde 2014.
Según explicó, el principal reto inicial fue lograr que profesionales de ámbitos muy distintos tales como médicos, veterinarios, farmacéuticos, enfermeros y responsables de salud pública, trabajaran bajo un mismo lenguaje y con objetivos comunes. Esa colaboración multidisciplinar se convirtió en uno de los mayores logros del programa.
El primer plan estuvo centrado en cambiar comportamientos y generar conciencia sobre la magnitud del problema. Los planes posteriores han avanzado hacia la implantación de medidas concretas de vigilancia, prevención, control e investigación. Los resultados obtenidos son especialmente relevantes. España ha conseguido reducir aproximadamente un 70% el consumo de antibióticos en sanidad animal y un 13,5% en salud humana, cifras que han situado al país como una referencia internacional en la lucha contra las resistencias.
Prevención antes que tratamiento
Cristina insistió en que el objetivo no debe limitarse a utilizar menos antibióticos, sino a reducir la necesidad de utilizarlos. Para ello, el nuevo PRAN apuesta por reforzar programas de optimización del uso de antimicrobianos (PROA), basados en garantizar que cada tratamiento emplee el antibiótico adecuado, en la dosis correcta y durante el tiempo necesario.
La prevención ocupa un papel central mediante medidas de bioseguridad, control de infecciones, mejora de las prácticas de manejo, formación de profesionales y promoción de la higiene. En el ámbito veterinario, además, se trabaja en el desarrollo de vacunas y alternativas terapéuticas que permitan reducir aún más la dependencia de los antibióticos. Se están desarrollando herramientas innovadoras de vigilancia epidemiológica que integran datos procedentes de laboratorios de todo el país para ofrecer información útil a veterinarios y profesionales sanitarios sobre los patrones locales de resistencia y las mejores opciones terapéuticas disponibles.
La realidad hospitalaria: el impacto en la salud humana
Juan Martínez Hernández trasladó el debate al entorno clínico y hospitalario. Su intervención permitió dimensionar el impacto real de las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria y de las bacterias multirresistentes. Aunque subrayó la necesidad de interpretar con prudencia las proyecciones globales, mostró datos que evidencian la magnitud del problema en los hospitales españoles. Las infecciones asociadas a la atención sanitaria representan una causa importante de morbimortalidad, incrementan significativamente el riesgo de fallecimiento y generan un enorme coste humano y económico.
Según expuso, las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria podrían estar detrás de miles de muertes anuales en España, situándose por encima de otras causas que tradicionalmente reciben una mayor atención pública. Las bacterias multirresistentes agravan aún más esta situación, al limitar las opciones terapéuticas disponibles y dificultar el control de las infecciones más graves. No obstante, Juan destacó un mensaje de esperanza: la reducción sostenida del consumo de antibióticos y la implantación de estrategias de control permiten pensar que es posible contener el avance de las resistencias si se mantienen los esfuerzos actuales.
Una pandemia silenciosa que aún puede contenerse
A lo largo de toda la sesión emergió una idea compartida por los tres ponentes: las resistencias antimicrobianas constituyen una amenaza real, creciente y global, pero también un problema sobre el que todavía es posible actuar.
A diferencia de otros grandes desafíos globales, las resistencias pueden medirse, vigilarse y prevenirse. Existen herramientas científicas, marcos regulatorios y estrategias de actuación ya en marcha. El reto consiste ahora en mantener el compromiso político, reforzar la cooperación internacional y consolidar el enfoque One Health como base de todas las actuaciones.
La conclusión fue clara: preservar la eficacia de los antibióticos no es únicamente una cuestión médica. Es una condición indispensable para garantizar la salud humana, la salud animal, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad de nuestras sociedades en las próximas décadas.





