Crear riqueza y transformar el mundo para nuestro beneficio son tareas loables. Hacerlo a sabiendas de que se está contaminando gravemente la biosfera y que costará muchas vidas es sin duda un acto poco ético, mientras que hacerlo sin saber cuáles serán sus consecuencias sobre nuestro planeta es jugar a la ruleta rusa. Thomas Midgley es un buen ejemplo de ambos enfoques: desarrolló uno de sus inventos (los aditivos de plomo para las gasolinas) a sabiendas de que era tremendamente tóxico. Mató a millones de personas y lastró gravemente la inteligencia de decenas de millones de niños. Pocos años más tarde desarrolló los CFCs que produjeron el agujero de ozono y estuvieron a punto de desatar una catástrofe global sin precedentes. Con los CFCs Midgley simplemente procedió sin haber investigado cuáles serán sus consecuencias, tan graves que si no hubiéramos conseguido remediarlas podrían haber terminado con la humanidad. Los 2 inventos de Midgley desataron catástrofes globales tan grandes que hoy en día historiadores de la ciencia como John McNeill le consideran «el ser vivo que tuvo el impacto más negativo sobre el planeta en los 4.700 millones de años de historia sobre la Tierra». Midgley consiguió su objetivo de llegar a ser multimillonario antes de los 30. Pero pagó un alto precio personal: intoxicado por plomo terminó muy joven en una silla de ruedas, donde falleció tempranamente como resultado de otra de sus peligrosas invenciones.
Mientras los economistas procuran crear riqueza y los ingenieros intentan transformar el mundo, los científicos tan solo pretenden entenderlo. Por eso se dice que los ingenieros y economistas hacen mucho, aunque sepan poco, mientras que los científicos hacen poco, aunque sepan mucho.
A finales de 1921 el ingeniero Thomas Midgley, que trabajaba para la General Motors, descubrió que, añadiendo tetraetilo de plomo a la gasolina de los coches, los motores de explosión funcionaban mucho mejor. Las gasolinas con plomo prometían ser un negocio multimillonario y a partir de 1922 su uso se generalizó rápidamente en todo el mundo superando con mucho las expectativas de negocio más optimistas.
Midgley y sus jefes sabían de sobra que el plomo era un agente muy tóxico. Se sabía desde la época de los romanos. Galeno describió prolijamente las enfermedades que padecían los mineros y trabajadores del plomo1, mientras que Plinio definió al plomo como «un veneno mortal» 2. Incluso la exposición a bajos niveles de plomo puede provocar daños irreversibles en el desarrollo cerebral de los niños 3. A niveles más elevados o en exposiciones prolongadas en el tiempo el plomo produce daño renal, hepático y del sistema nervioso, tanto en los niños como en adultos 3. A niveles altos el plomo es mortal.
Plenamente conscientes de que la presencia de plomo en la composición de su aditivo para las gasolinas podría alarmar a la población, Midgley y su socio Charles Kettering de los Dayton Research Laboratories, una filial de General Motors, lo ocultaron cuidadosamente patentando y comercializando el tetraetilo de plomo bajo el nombre comercial de «Ethil«. Bajo los auspicios de General Motors Midgley convocó ruedas de prensa propagandísticas para demostrar la seguridad del «Ethil«. En ellas vertía «Ethil» en sus manos y después se ponía una botella del aditivo bajo la nariz durante un minuto, declarando que podía hacer eso todos los días sin padecer consecuencia alguna.
Como resultado de estas demostraciones Midgley enfermó gravemente por exposición al plomo. Según la compañía Midgley «tuvo que tomarse unas prolongadas vacaciones durante 1924». Después se quedó paralítico, confinado para siempre en una silla de ruedas. Pero el engaño funcionó y para 1930 prácticamente toda la gasolina que se fabricaba en el planeta tenía como aditivo el tetraetilo de plomo.
La contaminación por el tetraetilo de plomo es un excelente ejemplo del concepto de One Health (Una sola salud) 4, que a nivel científico conocemos desde hace más de 100 años, aunque solo desde hace poco ha empezado a ser considerado en economía, política y derecho: La salud humana depende estrechamente de la sanidad animal y ambas están enormemente vinculadas a la calidad de los ecosistemas. Si queremos mantener nuestra salud son necesarios los esfuerzos coordinados de 3 grandes disciplinas -ecología, veterinaria y medicina- trabajando globalmente para lograr una salud óptima para el medio ambiente, los animales y las personas.
El problema con el «Ethil» de Midgley estaba en que todo el plomo que se añadió durante décadas a la gasolina de todo el mundo (la enorme cantidad de casi un gramo de plomo por litro de gasolina) salió por los tubos de escape de los coches en forma de partículas de aerosoles que se quedaban suspendidas en el aire y después caían a la superficie contaminado el medio ambiente en áreas ingentes. El plomo se concentró en animales y plantas a lo largo de la cadena trófica y una parte significativa terminó finalmente dentro de las personas que lo ingirieron al respirar aire con aerosoles de plomo, así como al beber agua o consumir alimentos contaminados.
El daño ambiental que causó el plomo fue enorme 5, como también lo fue el daño que causó en la salud de muchos millones de seres humanos 6, 7.
Aquí nos limitaremos a analizar tan solo uno de los muchos efectos de la contaminación por plomo, quizás el más cruel: su efecto pernicioso sobre el desarrollo del cerebro de los niños. Entre los diversos daños que produce el plomo uno de los mayores problemas es su neurotoxicidad que merma significativamente el rendimiento intelectual de los afectados. Resulta especialmente peligroso para los niños cuyo cerebro está desarrollándose 7. Diversos estudios realizados con niños que crecieron en la época de la gasolina con plomo demostraron que su exposición a este metal pesado provocó una disminución significativa en su nivel de inteligencia, lo que afectó significativamente a su desempeño profesional de adultos 8. Los afectados se cuentan por decenas de millones. Cuanto mayor es el nivel de plomo en la sangre durante la infancia, mayor es la pérdida de cociente intelectual en la edad adulta. Aproximadamente por cada aumento de 5 microgramos de plomo en sangre (lo que equivale solo a 5 millonésimas de gramo de plomo), una persona pierde en la edad adulta 1,5 puntos en un test de inteligencia) 8.
La fuerte presión de científicos y médicos consiguió que la gasolina con plomo se prohibiese hace ya bastante tiempo, aunque con mucha variación entre los distintos países. Por ejemplo, Japón lo hizo en 1980, Alemania en 1996 y España en 2001. Sin embargo los niveles de plomo en el ambiente siguen siendo tan altos que los estudios de la Organización Mundial de la Salud estiman que solo durante 2021 el plomo que permanece en el ambiente mató a más de 1,5 millones de personas en todo el mundo 6 y que seguirá haciéndolo durante décadas.
La historia se repite. Un estudio reciente publicado en PNAS (la revista de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, una de las más influyentes del mundo) analiza el problema de la contaminación por plomo en el Imperio Romano y sus consecuencias 9. Los antiguos romanos también contaminaron masivamente su mundo con plomo pues en la economía de los romanos la plata era muy importante. Pero sus sistemas de minería y procesado de plata liberaban al ambiente hasta 10 kg de plomo por cada gramo de plata obtenido. Utilizando registros de la contaminación por plomo de la era romana (medida en núcleos de hielo alpinos y árticos) y modelos atmosféricos, se demostró que las emisiones de plomo romanas aumentaron los niveles de plomo en sangre de los niños romanos en la época final de la Pax Romana en aproximadamente 24 µg/l 10. En base a los estudios epidemiológicos modernos esto llevo a un grave deterioro cognitivo en el cociente intelectual de los ciudadanos romanos 10, que probablemente estuvo implicado en su decadencia.
Millonario, aunque con graves secuelas por su intoxicación por plomo e impedido en una silla de ruedas, Thomas Midgley, no se conformaría. En su búsqueda de riqueza y notoriedad desarrollaría un producto mucho más peligroso para la humanidad: los CFCs.
Los clorofluorocarbonados (CFCs) son gases derivados de los hidrocarburos saturados en los cuales se sustituyen átomos de hidrógeno por átomos de cloro y flúor. Estos CFCs se emplearon masivamente en la refrigeración (frigoríficos, congeladores, aires acondicionados…) como fluidos térmicos (el popular freón), así como propelentes de aerosoles.
Desafortunadamente los CFCs son muy persistentes en la atmósfera (hasta 200 años) y una vez liberados alcanzan la estratosfera, donde destruyen muy eficazmente el ozono mediante una reacción fotoquímica (cuando la luz ultravioleta incide sobre una molécula de CFC, se libera un radical cloro reactivo que catalíticamente destruye el ozono 11. Su eficacia es extraordinaria: una sola molécula de CFC destruye hasta 100 000 moléculas de ozono. La liberación de CFCs provocó el agujero de la capa de ozono.
Los químicos Mario J. Molina del MIT y F. Sherwood Rowland de la UCI descubrieron el peligro de los CFCs para la capa de ozono12 y ganaron el premio Nobel por este descubrimiento (compartido con Paul Crutzen del Instituto Max Plank). Quedaron tan impresionados por el descubrimiento que cuando Mario Molina llegó a su casa le comentó a su mujer con toda crudeza: «He hecho un descubrimiento por el que seré premio Nobel. Lo malo es que probablemente no viviremos lo suficiente como para ver crecer a nuestros nietos».
No era para menos. La capa de ozono funciona como un escudo muy eficaz que impide que la peligrosa radiación ultravioleta atraviese la atmósfera terrestre. El 90% del ozono existente en la Tierra está en la estratosfera y es suficiente para absorber la peligrosa radiación solar ultravioleta de longitud de onda de entre 200 y 300 nm. Pero hay tan poco que en condiciones normales de presión y temperatura esa capa de ozono apenas tendría 3 mm de espesor 13. Esta escasez de ozono hace que su destrucción, aún en pequeñas cantidades resulte muy peligrosa 13.
La radiación ultravioleta es extremadamente peligrosa para los organismos vivos, dañando el ADN, las proteínas, los lípidos y las membranas. A los humanos nos causas quemaduras, cáncer y cataratas entre otros efectos perjudiciales. La radiación ultravioleta tiene efectos extremadamente dañinos en las plantas deteriorando el fotosistema II (PSII), disminuye la actividad del Rubisco, la fijación de dióxido de carbono, etc. Se piensa que sin ese filtro de ozono la existencia de la vida sobre tierra firme sería imposible.
En 1985 se descubrió que a finales del invierno se había formado un agujero en la capa de ozono del polo sur (donde el ozono se había reducido alrededor de un 50% 14.
Posteriores mediciones por satélite mostraron un agotamiento masivo del ozono alrededor del polo sur.
La evidencia científica no dejó duda alguna de la gravedad del problema del agujero de ozono ni de que los CFCs eran los que lo producían 15. Muchos científicos iniciaron una campaña alertando a la opinión pública sobre el grave peligro al que nos enfrentábamos enfatizando la necesidad urgente de tomar medidas para evitar que el agujero de ozono siguiera creciendo.
Sin embargo, ante un problema tan grave muchos recurrieron al negacionismo. Por ejemplo, el republicano Donald Hodel, secretario de Interior de los Estados Unidos defendió que la industria debería seguir emitiendo los mismos niveles de CFCs. Para defenderse de la radiación ultravioleta debería «adoptarse un programa nacional de protección personal contra la radiación UV consistente en que los norteamericanos utilizasen grandes sombreros como los usados en Texas o México mientras no permaneciesen a la sombra. La gente que no está al sol no tiene problema.»
Internacionalmente el sentido común se impuso y no se hizo caso a los negacionistas. En 1985, 20 países (incluyendo a los mayores productores de CFCs), firmaron el Convenio de Viena para la protección de la capa de ozono. En 1987 se firmó el Protocolo de Montreal para reducir la producción de CFCs y en 1990 en Londres se acordó eliminar totalmente los CFCs en el año 2.000, pero en una reunión en 1992 en Copenhague se adelantó la prohibición de CFCs a 1996.
Un estudio de la NASA15 señaló que, si no se hubieran prohibido los CFCs, se habrían destruido dos terceras partes de la capa de ozono produciéndose un agujero de ozono permanente y la radiación ultravioleta habría aumentado tanto que en solo cinco minutos al Sol se sufrirían quemaduras en la piel.
Poco después de meternos en el enorme lío de los CFCs, Thomas Midgley desarrolló otro de sus inventos: un sofisticado sistema de cuerdas y poleas que le permitiría desplazarse dentro de su propia casa sin limitaciones a pesar de su parálisis. Nunca lo comercializó: a los pocos días de instalarlo algo salió mal y
Midgley murió ahorcado por su propio invento.
Referencias citadas
1. Galeno C. A Translation Of Galen’s Hygiene: De Sanitate Tuenda. Literary Licensing LLC Edt . (2012). ISBN 13: 9781258437404.
2. Cayo Plinio Segundo. Historia Natural. Tomo II. Libro XXXIII. Universidad Complutense de Madrid (2007)
3. – Needleman, H. L., & Bellinger, D. (1991). The health effects of low level exposure to lead. Annual review of public health, 12(1), 111-140.
– Mudipalli, A. (2007). Lead hepatotoxicity & potential health effects. Indian Journal of Medical Research, 126(6), 518-527.
– Flora, S. J., Flora, G., & Saxena, G. (2006). Environmental occurrence, health effects and management of lead poisoning. In Lead (pp. 158-228). Elsevier Science BV.
4. – Organización Mundial de la salud. Una sola salud. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/one-health.
– Destoumieux-Garzón D, Mavingui P, Boetsch G, Boissier J, Darriet F, Duboz P, Fritsch C, Giraudoux P, Le Roux F, Morand S, Paillard C,Pontier D, Sueur C and Voituron Y (2018) The One Health Concept: 10 Years Old and a Long Road Ahead. Front. Vet. Sci. 5:14. doi: 10.3389/fvets.2018.00014.
– Reconnecting for our future: The Lancet One Health Commission. www.The Lancet Vol 395 May 9, 2020. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7252112/pdf/main.pdf
5. – Nichols A.L. (1997) Lead in Gasoline. In: Economic analysis at EPA. Taylor & Francis. eBook ISBN 9781315060682
– Menkes D.B. & Fawcet J.P. (1997) Too easily lead? Health effects of gasoline additives. Environmental Health Perspectives105 (3): 270 – 273 https://doi.org/10.1289/ehp.105-1470015.
– Von Storch H. Costa-Cabral M. Hagner C. Feser F. Pacyna J. Pacyna E. Kolb S (2003). Four decades of gasoline lead emissions and control policies in Europe: a retrospective assessment. The Science of the Total Environment 311 (1-3): 151-176.
6. -World Health Organization. Lead Poisoning. (2024). https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/lead-poisoning-and-health.
-Tong S. von Schirnding Y. & T Prapamontol T. (2000). Environmental lead exposure: a public health problem of global dimensions. Bulletin of the World Health Organization 78 (9)
7. – Centers for Disease Control and Prevention. Childhood lead poisoning prevention. www.cdc.gov/lead-prevention/about/. 2024.
– Markowitz M. Lead poisoning. In: Kliegman RM, St. Geme JW, Blum NJ, Shah SS, Tasker RC, Wilson KM, eds. Nelson Textbook of Pediatrics. 21st ed. Philadelphia, PA: Elsevier; 2020.
– CDC updates blood lead reference value. Atlanta: US Centers for Disease Control and Prevention; 2024 (https://www.cdc.gov/lead-prevention/php/news-features/updates-blood-lead-reference-value.html).
– Institute for Health Metrics and Evaluation. Lead exposure-Level 3 risk. Seattle: University of Washington; 2024 (https://www.healthdata.org/research-analysis/diseases-injuries-risks/factsheets/2021-lead-exposure-level-3-risk
8. – Association of Childhood Blood Lead Levels With Cognitive Function and Socioeconomic Status at Age 38 Years and With IQ Change and Socioeconomic Mobility Between Childhood and Adulthood, JAMA, March 28, 2017. DOI: 10.1001/jama.2017.1712
– J. Boyle, D. Yeter, M. Aschner, D. C. Wheeler, Estimated IQ points and lifetime earnings lost to early childhood blood lead levels in the United States. Sci. Total Environ. 778, 146307 (2021).
9. J. R. McConnell, N. J. Chellman, A. Plach and A. I. Wilson (2025). Pan-European atmospheric lead pollution, enhanced blood lead levels, and cognitive decline from Roman-era mining and smelting. PNAS. https://doi.org/10.1073/pnas.2419630121
10. J. Moore et al., Death metal: Evidence for the impact of lead poisoning on childhood health within the Roman Empire. Int. J. Osteoarchaeol. 31, 846–856 (2021).
11. Fabian, P., Borchers, R., Penkett, S. et al. Halocarbons in the stratosphere. Nature 294, 733–735 (1981). https://doi.org/10.1038/294733a
12. Molina, M., Rowland, F. Stratospheric sink for chlorofluoromethanes: chlorine atom-catalysed destruction of ozone. Nature 249, 810–812 (1974). https://doi.org/10.1038/249810a0
13. – Cockell CS, Knowland J. Ultraviolet radiation screening compounds. Biological Reviews. 1999;74(3):311-345. doi:10.1017/S0006323199005356
– Williamson, C., Zepp, R., Lucas, R. et al. Solar ultraviolet radiation in a changing climate. Nature Clim Change 4, 434–441 (2014). https://doi.org/10.1038/nclimate2225
– Barnes, P.W., Williamson, C.E., Lucas, R.M. et al. Ozone depletion, ultraviolet radiation, climate change and prospects for a sustainable future. Nat Sustain 2, 569–579 (2019). https://doi.org/10.1038/s41893-019-0314-2
14. Barrie, L., Bottenheim, J., Schnell, R. et al. Ozone destruction and photochemical reactions at polar sunrise in the lower Arctic atmosphere. Nature 334, 138–141 (1988). https://doi.org/10.1038/334138a0
15 – Basic Ozone Layer Science. 2025. EPA (United States environmental Protection Agency) https://www.epa.gov/ozone-layer-protection/basic-ozone-layer-science#:~:text=Gaseous CFCs can deplete the,See Ozone Depleting Substance.)
– What is the Ozone Hole?. 2024. NASA https://ozonewatch.gsfc.nasa.gov/facts/hole_SH.html.
– Scientific Assessment of Ozone Depletion. 2018. NOAA. Chemical Sciences Laboratory. https://csl.noaa.gov/assessments/ozone/2018/
– Sagan C. 1997. Billions and Billions: Thoughts on Life and Death at the Brink of the Millennium. Random House. Chapter 10. ISBN 0-679-41160-7.





