La contaminación por microplásticos se nos ha ido de las manos. Cada día que pasa se baten nuevos récords de acumulación de microplásticos y nanoplásticos tanto en el medio ambiente, como en la cadena trófica y en nuestro propio interior. Al mismo tiempo se incrementan exponencialmente las evidencias científicas acerca de su capacidad para deteriorar nuestra salud. Dos de los efectos de los microplásticos en humanos resultan especialmente preocupantes: merman significativamente nuestro rendimiento intelectual y reducen nuestra fertilidad. Pronto será imprescindible tomar medidas para atajar el problema.
Una reciente investigación publicada en Nature Medicine (una de las mejores revistas científicas sobre medicina del mundo) descubrió una alarmante acumulación de partículas de microplásticos en el cerebro humano1. El trabajo, muy riguroso, lo realizaron 21 investigadores en 11 centros científicos analizando numerosas muestras de cerebros de individuos fallecidos durante la última década, de diferentes edades, sexo, origen social, nivel de renta y etnia.
Los resultados son preocupantes: En el cerebro se acumulan más microplásticos que en otros órganos como el hígado o el riñón. Además, la concentración de microplásticos en el cerebro va aumentando significativamente de año en año, coincidiendo con el incremento de microplásticos observado en el medio ambiente. También hay más microplásticos en el cerebro de personas que viven en las áreas más contaminadas por dicha sustancia.
También se ha observado que la concentración de microplásticos en los cerebros de personas con demencia fue significativamente mayor que la encontrada en personas sanas. Por supuesto esto no demuestra que los microplásticos sean los causantes directos de la demencia (por ejemplo, podría ocurrir que en las personas con demencia las defensas que protegen al cerebro de agentes externos fallasen más que en las personas sanas y por eso los afectados por demencia tienen más microplásticos en sus encéfalos). Pero es un indicio preocupante.
Este no es, ni mucho menos, el único trabajo demostrando que los microplásticos se acumulan cada vez más en nuestro interior desatando diferentes problemas graves de salud. Recientemente un trabajo publicado en New England Journal of Medicine (la mejor revista medicina del mundo) analiza la relación positiva entre la acumulación de microplásticos en nuestras arterias y los ataques cardíacos2.
Progresivamente se van acumulando más evidencias de que el incremento de microplásticos en nuestro interior es un riesgo significativo para nuestra salud3. La velocidad a la que se van acumulando los microplásticos en nuestro interior resulta alarmante. Hasta la fecha la American Chemical Society -Chemical for Life- ha publicado 26 informes sobre microplásticos indicando, por ejemplo, que cada año ingerimos de media alrededor de 50.000 partículas de microplásticos (y muchas más de nanoplásticos). También ponen un ejemplo que nos resulta mucho más fácil de comprender: la cantidad de microplásticos que ingerimos es como si limáramos una tarjeta de crédito a la semana y nos comiéramos todo el polvo de plástico resultante.
Pero además de estos microplásticos que ingerimos, también están los que respiramos que son una cantidad extremadamente elevada que produce daños a nuestro sistema respiratorio 4. Incluso los microplásticos se acumulan en la placenta humana y ya nos vemos sometidos a ellos desde que somos fetos 5.
Además, uno de los mayores peligros de los microplásticos es que son potentes disruptores endocrinos en humanos y animales afectando al hipotálamo, pituitaria, tiroides, cápsulas suprarrenales, testículos y ovarios, pues contienen bisfenoles, ftalatos, éter difenílico polibromado, éter bifenil clorado, organo-estaño, compuestos perfluorados, dioxinas, hidrocarburos aromáticos policíclicos, etc., que se utilizan comúnmente como aditivos en la producción de plástico6. Parecen jugar un papel muy relevante en la pérdida de fertilidad y el deterioro de la calidad espermática que se incrementa de año en año en los humanos7.
Los microplásticos están por todas partes: en los alimentos, desde mariscos y pescados a la miel, la sal o el azúcar. También los ingerimos cuando tomamos una cerveza o bebemos agua (en especial con agua embotellada en recipientes de plástico). Son parte esencial de muchos cosméticos (por ejemplo, en exfoliantes) … En realidad, son un excelente ejemplo del concepto de One Health (Una sola salud) 8, que a nivel científico conocemos desde hace más de 100 años, aunque solo desde hace poco ha empezado a ser considerado en economía, política y derecho: La salud humana y la sanidad animal son interdependientes y ambas están estrechamente vinculadas a la calidad de los ecosistemas. Si queremos mantener nuestra salud son necesarios los esfuerzos coordinados de tres grandes disciplinas (medicina, veterinaria y ecología) implicando a personal médico, veterinario e investigador, trabajando a niveles locales, nacionales y globales para lograr una salud óptima para las personas, los animales y el medio ambiente.
El caso de los microplásticos resulta bastante ilustrativo de cómo hemos hecho muchas cosas desde la revolución industrial: primero asumimos, sin que existiesen suficientes pruebas de ello, que los plásticos no eran dañinos. Como resultaban económicamente rentables miramos para otro lado mientras se deterioraban nuestros objetos de plástico haciendo que la concentración de microplásticos en suelo, agua, aire, animales y plantas aumentase extremadamente rápido. Entonces los microplásticos pasaron a nuestro interior. Y ahora tenemos un problema y una preocupación adicional: en general solemos defendernos razonablemente bien de los peligros con los que hemos convivido largo tiempo durante nuestra historia evolutiva (por ejemplo, bacterias, virus o alcaloides venenosos de las plantas). Con ellos hemos desarrollado un largo proceso de coevolución. Pero los microplásticos le resultan «desconocidos» a nuestra biología. Son una sustancia llegada hace muy poco a la biosfera y no estamos adaptados para defendernos de ellos.
Las pruebas apuntan a que todo podría ser peor: como se recoge en un artículo publicado hace muy poco en Nature (la mejor revista científica del mundo) los microplásticos podrían estar mermando significativamente nuestras capacidades cognitivas9. El título del artículo no puede ser más alarmante: «Tu cerebro está lleno de microplásticos: ¿te están haciendo daño?»
En todo caso, el momento de mirar para otro lado ya ha pasado. Debemos pensar cómo enfrentarnos al problema de los microplásticos, lo que será extraordinariamente difícil. Existe una contaminación importante por microplásticos primarios, fabricados específicamente para ser utilizados en determinados productos (desde la fabricación de productos de plástico roto-moldeados a productos de belleza). Pero el problema principal es la contaminación por microplásticos secundarios provenientes de la degradación de desechos plásticos de mayor tamaño. Las tasas de reciclaje de plástico son muy bajas (menores del 10%) y cada año acaban en la basura algo más de 52 millones de toneladas de plásticos según estimaciones publicadas recientemente en las revistas Nature 10.
Podemos hacernos una idea de la dimensión real del problema de la contaminación por plásticos: en el océano Pacífico existe el llamado «continente de plástico» o «isla de basura del Pacífico». Se trata de una amplia zona del Pacífico Norte (entre los 35º y los 42º N y entre los 135º y 155ºW), formada por un vórtice de corrientes oceánicas, cubierta de residuos plásticos 11. Su superficie (de 710.000 Km2) es mucho mayor que la de la península Ibérica y está creciendo rápidamente. A su alrededor una zona de 17.000.000 de km2 acumula una concentración extraordinariamente alta de microplásticos. Desafortunadamente no es la única gran mancha de plásticos. Las hay en todos los océanos y mares del mundo. Ya no queda ningún lugar prístino de microplásticos en el planeta. Incluso hay acumulaciones de microplásticos en las regiones más remotas de la Antártida.
Es indudable que se nos viene encima un enorme problema del que apenas estamos empezando a vislumbrar su alcance. Al igual que ocurrió en otros casos de contaminación (por ejemplo, con el amianto) probablemente termine teniendo consecuencias jurídicas.
Eduardo Costas es Catedrático de Genética. Facultad de Veterinaria. UCM. Académico Correspondiente de la Real Academia Nacional de Farmacia.
Bibliografía.
1. A.J. Nihart, García M.A., El Hayeek E. et al. (2025). Bioaccumulation of microplastics in decedent human brains. Nature Medicine. https://doi.org/10.1038/s41591-024-03453-1
2. Marfella, R. et al. (2024). Microplastics and nanoplastics in atheromas and cardiovascular events. N. Engl. J. Med. 390, 900–910.
3. Zhu, L. et al. (2024). Tissue accumulation of microplastics and potential health risks in human. Sci. Total Environ. 915, 170004. (2024)
4. Saha S C & Saha G. (2024). Effect of microplastics deposition on human lung airways: A review with computational benefits and challenges. Heliyon10(2):e24355. doi: 10.1016/j.heliyon.2024.e24355
5. Ragusa A, et al (2021). Plasticenta: First evidence of microplastics in human placenta. Environmental International 146. https://doi.org/10.1016/j.envint.2020.106274.
6. Ullah S, et al. (2023). A review of the endocrine disrupting effects of micro and nano plastic and their associated chemicals in mammals. Front Endocrinol (Lausanne) 13:1084236. doi: 10.3389/fendo.2022.1084236
7. Wang M. et al. (2024). The hidden threat: Unraveling the impact of microplastics on reproductive health. Science of The Total Environment 935. https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2024.173177
8. – World Health Organization. One Health. (2023). https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/one-health.
– World Organization for Animal Health. One Health (2025). https:// www.woah.org/en/what-we-do/global-initiatives/one-health/
– Ministerio de Sanidad. Gobierno de España. One Health. https://www.sanidad.gob.es/ciudadanos/pesma/docs/One_Health.pdf
9. M Kozlov (2025). Your brain is full of microplastics: are they harming you? Nature 638, 311-313 doi: https://doi.org/10.1038/d41586-025-00405-8.
10. Cottom, J.W., Cook, E. & Velis, C.A. (2024). A local-to-global emissions inventory of macroplastic pollution. Nature 633, 101–108. https://doi.org/10.1038/s41586-024-07758-6
11. Lebreton L., Slat, B., Ferrari, F., et al. (2018). Evidence that the Great Pacific Garbage Patch is rapidly accumulating plastics. Scientific Reports (Nature) 8 (1): 4666. https://doi.org/10.1038/s41598-018-22939-w





