Desde que hay registros en nuestro país nunca habíamos visto una serie tan larga de borrascas encadenadas (Leonardo, Marta, Nils, Oriana…). Esto se debe a que se ha producido un cambio persistente en la configuración de la Corriente de Chorro Polar como resultado del calentamiento global. Como consecuencia las grandes borrascas que hasta hace poco pasaban mucho más al norte de la Península Ibérica bajan más al sur pasando directamente por encima nuestra e incluso de Marruecos. Para empeorar las cosas el calentamiento de los océanos produce más evaporación. Esta gran cantidad de vapor de agua se condensa al chocar con las borrascas frías incrementando enormemente las precipitaciones. El patrón que hemos visto este año será frecuente en el futuro, aunque acompañado también por temporadas de sequías extremas
¿Por qué nos asolaron tantas borrascas seguidas?
Hace poco que una buena parte del país terminó inundada bajo trenes de borrascas sucesivas que no cesaron de batir todos los récords de precipitación desde que hay registros. En apenas unos días cayó en varias zonas de Andalucía, Marruecos y Portugal más agua de la cae en todo el año en lugares tradicionalmente lluviosos de Galicia. Cualquier observador intelectualmente curioso se pregunta qué está pasando, máxime cuando lo habitual en enero y febrero son los días anticiclónicos fríos con gran estabilidad climática y no estas lluvias torrenciales que se encadenaron durante varias semanas seguidas.
¿Está pasando algo que nos aleja de la normalidad climática?
La respuesta es simple: el cambio climático nos está llevando a una pérdida progresiva de la estabilidad climática que ha caracterizado los últimos 10.000 años y ha permitido que los seres humanos de nuestra especie dejasen de ser cazadores-recolectores nómadas para desarrollar civilizaciones agrícolas, industriales y tecnológicas.
Pero… ¿Por qué el cambio climático hace que se encadenen tantas borrascas peligrosas como Leonardo, Marta, Nils, ¿Oriana…?
El problema es que se ha producido un cambio bastante persistente en la configuración de la Corriente de Chorro Polar. La Corriente de Chorro Polar es una corriente de viento muy intensa que fluye de oeste a este en la estratosfera y que sirve de separación entre la circulación de la atmósfera que ocurre en las latitudes elevadas del Polo Norte y la circulación atmosférica que tiene lugar en las latitudes templadas como la nuestra. El calentamiento global que se está produciendo por la liberación a la atmósfera de gases de efecto invernadero como consecuencia de la quema masiva de combustibles fósiles, está haciendo que la zona del Polo Norte se caliente más deprisa incluso que las latitudes bajas (a todos nos resulta conocida la pérdida catastrófica del hielo polar que ya permite la navegación por el Ártico).
La intensidad de la Corriente de Chorro Polar depende de la diferencia de temperaturas entre el Polo Norte y las latitudes templadas. Al disminuir esta diferencia la Corriente de Chorro Polar se atenúa cada vez más. Por supuesto sigue haciendo más frío en el Polo Norte que aquí, pero la diferencia ya no es tanta como antes.
Cuando la Corriente de Chorro Polar se debilita forma una especie de meandros (algo parecido a lo que ocurre el cauce bajo de los ríos, donde al fluir más lentamente la corriente, se producen meandros). Estos meandros de la Corriente de Chorro Polar llegan mucho más al sur.
Como consecuencia, las grandes borrascas que hasta hace poco pasaban al norte de la Península Ibérica, bajan hacia el sur pasando directamente por encima nuestra e incluso de Marruecos.
Para empeorar las cosas el calentamiento oceánico produce más evaporación. Así se forman corrientes atmosféricas ricas en vapor de agua que llegan desde el Caribe y el golfo de México hasta nuestro país. Esta gran cantidad de vapor de agua se condensa al chocar con las borrascas frías incrementando enormemente las precipitaciones.
Así el incremento de las precipitaciones catastróficas será cada vez más frecuente en nuestro país.
Desafortunadamente este cambio en la Corriente de Chorro Polar no va a asegurarnos el fin de las situaciones de sequía. Mas, bien al contrario. A medida que el calentamiento global debilite la corriente de chorro polar la estabilidad climática se perderá. Lo que fue previsible durante el siglo pasado, como los períodos de mayor probabilidad de lluvias en el año hidrológico (por ejemplo «en abril aguas mil» del dicho popular) dejará de serlo. Entraremos en una situación de mucha más incertidumbre. El clima se volverá más extremo, con un aumento grande de las precipitaciones torrenciales, pero también con un aumento grande de las situaciones de sequía extremas, resultando todo mucho más impredecible.
En este sentido el mecanismo esencial responsable de la variabilidad climática interanual en el suroeste de Europa (particularmente en la península Ibérica) es la Oscilación del Atlántico Norte (NAO) un proceso climático a escala planetaria basado en la diferencia de presión entre las altas presiones subtropicales del Anticiclón de las Azores y las bajas presiones subpolares de la Baja de Islandia que es uno de los principales motores de la variabilidad climática en el hemisferio norte sobre todo durante el invierno.
La NAO tiene una fase positiva (NAO+) que se caracteriza por una gran diferencia de presión entre ambos centros con un intenso anticiclón de las Azores y una gran baja de Islandia, lo que provoca vientos de componente oeste fuertes y templados. Es lo que hasta el momento ha traído inviernos húmedos y suaves al norte de Europa y situaciones más secas en el sur de Europa. También tiene una fase negativa (NAO-) que se produce cuando la diferencia de presión entre Azores e Islandia es menor. El viento zonal del oeste se debilita permitiendo que las masas de aire frías procedentes del Ártico lleguen a latitudes bajas, lo que da lugar a inviernos severos en Europa y un fortísimo aumento de precipitaciones en el Mediterráneo.
La NAO no solo condiciona la distribución de las lluvias y las temperaturas en Europa y el norte de África o la ruta que siguen las grandes borrascas y tormentas, sino que también presenta una Oscilación estival (SNAO) que afecta a las olas de calor y sequías en Europa determinando el clima estival.
Pero el calentamiento global antropogénico está modificando los patrones normales de la NAO con consecuencias muy importantes en el clima europeo. Así el cambio climático ha provocado que la variabilidad de la NAO en verano aumente significativamente, lo que conduce a una frecuencia mucho mayor de eventos extremos de presión (tanto positivos como negativos) lo que conduce a olas de calor más intensas, así como a inundaciones mucho más severas en el sur de Europa.
Pero el rápido calentamiento del Ártico (casi cuatro veces más rápido que el promedio mundial) está condicionando la dinámica de la NAO, alterando totalmente los patrones de viento y humedad en el Atlántico Norte.
Así la estabilidad climática que permitió el desarrollo de nuestra civilización es cada vez más un recuerdo del pasado
Consecuencias sobre edificaciones e infraestructuras
Desafortunadamente el cambio climático descubre algunas de nuestras grandes debilidades estructurales: Como fuimos tradicionalmente un país seco, hemos construido más de un millón de viviendas donde viven casi tres millones de personas en zonas con un grave riesgo de inundación. No solo eso: casi 2.700 infraestructuras comunitarias esenciales están situadas en zonas de muy alto riesgo de inundación.
Además, al haber sido un país seco nuestros sistemas de construcción de las casas y las infraestructuras más antiguas estaban bien adaptados a este clima seco, pero no a las grandes precipitaciones que vendrán. Así ingenieros y arquitectos advierten que el incremento de la intensidad pluviométrica pondrá en peligro de desplome a muchas casas, edificios e infraestructuras que no fueron construidas pensando en que se enfrentarían a tal nivel de precipitaciones.
Las lluvias torrenciales provocan una acumulación de agua y la humedad extrema que comprometen la integridad de muchos materiales de construcción tradicionales, aumentando el riesgo de colapsos. El agua acumulada que satura el terreno y afecta a cimientos antiguos, muros de carga y pilares. Provocan la pérdida de estabilidad en suelos debido al hinchamiento y retracción. La combinación de estos factores multiplica el riesgo de colapsos en las construcciones.
La pregunta correcta no es si se verán afectados, sino cuando se verán afectadas. Y la respuesta no nos gusta: Muy pronto, esto es en muy pocos años.
Sin duda este encadenamiento de trenes sucesivos de borrascas que nos asolará a partir de ahora con más frecuencia que nunca plantea nuevos desafíos en economía y derecho. Los arquitectos estiman que en los próximos años podría llegar a haber más de un millón de viviendas con problemas serios que tendrán que abandonarse o rehabilitarse estructuralmente.
Debemos pensar en las consecuencias de este cambio climático: cómo vamos a hacer frente a los costes de reparación de zonas devastadas, cómo vamos a ayudar a la población que resulte desplazada y -sobre todo- si vamos a poder, o si resulta sensato, mantener las viviendas e infraestructuras en las zonas con grave riesgo de inundación que se verán afectadas cada vez con mayor frecuencia.
Peor aún: debemos pensar en las consecuencias que el cambio climático traerá a grandes infraestructuras.
Por ejemplo, en diciembre de 2019 un fuerte temporal destruyó algunos tramos del Pantalán de Mineral del Puerto de Sagunto. Rápidamente la Autoridad Portuaria de Valencia anunció que se procedería a su urgente reparación. Pero sucesivos temporales durante los últimos años (de una magnitud que nunca se había visto antes en la zona) han terminado por destruir la mayoría de la infraestructura.
Ya se ha tomado la decisión de que no se va a reconstruir pues su diseño, que fue excelente para las condiciones ambientales que existían cuando se construyó, no puede aguantar las condiciones climáticas actuales, ni mucho menos el empeoramiento que vendrá más pronto que tarde.
Según diversos estudios de ingenieros, muchas de las infraestructuras que se diseñaron para resistir los parámetros que se daban antes del cambio climático no podrán hacer frente a los desafíos climáticos que vendrán. Alrededor de 2.700 de estas infraestructuras se encuentran en una situación de riesgo. Debemos pensar que tendremos que abordar un gran coste en casas, edificios e infraestructuras para adaptarlas al cambio climático.
La pérdida de la estabilidad climática no es solo un fenómeno meteorológico. Constituye un cambio de paradigma que afectará en gran medida al sistema económico, financiero y legal.
Hasta ahora muchos eventos meteorológicos adversos se consideraban como sucesos raros de fuerza mayor con un carácter imprevisible. Sin embargo, la ciencia moderna que permitió el conocimiento de la Corriente de Chorro o de la Oscilación del Atlántico Norte convierten en previsible y seguro lo que antes era considerado fortuito.
Esto plantea implicaciones críticas para economistas y juristas, por ejemplo:
– Las administraciones públicas que permitan edificar en zonas de riesgo climático ya no podrán alegar imprevisibilidad.
– Más pronto que tarde, las viviendas en riesgo de inundación sufrirán una devaluación drástica. Para un banco, una hipoteca a 30 años sobre un inmueble que se inunda cada pocos años, puede ser un activo problemático.
– Seguridad de las Infraestructuras: Como demuestra el caso del Pantalán de Sagunto, la ingeniería ya no puede diseñar basándose en estadísticas del siglo XX. Debemos transitar hacia una ‘arquitectura de adaptación’ que asuma que amplias zonas de terrenos, antes seguros, serán ahora susceptibles de sufrir catástrofes climáticas de forma recurrente.
– ¿Quién debe asumir el coste del abandono o rehabilitación de viviendas en las zonas de riesgo climático? ¿Es viable mantener la cobertura de seguros a precios actuales de mercado en zonas que se inundarán periódicamente? ¿Qué régimen jurídico debería aplicarse a infraestructuras públicas que, habiendo sido construidas conforme a la normativa vigente, resultan obsoletas o peligrosas con el nuevo escenario climático?
La transición de la estabilidad climática del Holoceno a la incertidumbre del Antropoceno probablemente llegue a introducir cambios jurídicos. Si la ciencia ya advierte que estas borrascas encadenadas son la ‘nueva normalidad’, las administraciones y promotoras no podrán alegar que las inundaciones eran imprevisibles. Esto abre la puerta a una nueva era de responsabilidad civil por la ubicación de infraestructuras en zonas de riesgo que, aunque antes eran secas, hoy son cauces potenciales bajo un clima de extremos pluviométricos.
Referencias
Köhler, D., Räisänen, P., Naakka, T., Nordling, K., and Sinclair, V. A.: The future North Atlantic jet stream and storm track: relative contributions from sea ice and sea surface temperature changes, Weather Clim. Dynam., 6, 669–694, https://doi.org/10.5194/wcd-6-669-2025, 2025.
Shaw, T.A., Miyawaki, O. Fast upper-level jet stream winds get faster under climate change. Nat. Clim. Chang. 14, 61–67 (2024). https://doi.org/10.1038/s41558-023-01884-1
Woollings, T., Drouard, M., O’Reilly, C.H. et al. Trends in the atmospheric jet streams are emerging in observations and could be linked to tropical warming. Commun Earth Environ 4, 125 (2023). https://doi.org/10.1038/s43247-023-00792-8
Prieto F, et al. Infraestructuras Críticas Inundables en España (2025). Riesgo, vulnerabilidad y prioridades de actuación ante escenarios climáticos extremos. Observatorio de Sostenibilidad. 257 pp.





