Una editorial inquietante
En su número del 6 de noviembre de 2025 la revista Science (que junto a Nature es la revista científica más importante del mundo) advertía en su Editorial que:
«Los desastres naturales relacionados con el cambio climático como inundaciones, incendios y tormentas devastan comunidades y sus enormes costos siguen aumentando. Sin embargo, a medida que aumentan los riesgos climáticos la infraestructura de gestión de riesgos financieros no se mantiene al día. Las herramientas analíticas de las que dependen los inversores, los bancos centrales y los gobiernos se diseñaron para el clima del siglo XX y para una economía dominada por los combustibles fósiles. Los responsables necesitan una comprensión más sólida de los riesgos relacionados con el clima que representan una amenaza para el sistema financiero y la macroeconomía, así como de los posibles canales a través de los cuales operan dichos riesgos. El cambio climático no es un problema ambiental distante, sino una preocupación financiera y macroeconómica ya presente que nos afectará a todos, lo aceptemos o no.»
El editorial termina con un llamamiento urgente:
«Este trabajo no puede esperar. Se necesitarán las mentes más brillantes para encontrar las respuestas».
Science también propone que instituciones especializadas como The Climate-related Finantial and Macroeconomic Risk Initiative de la Universidad de Harvard ayuden a las personas a prepararse para a un mundo que cambiará en grado extremo sus vidas cotidianas.
A modo de ejemplo el gran incendio de 2025 en Palisades en el Condado de Los Ángeles produjo pérdidas que solamente en propiedades se estiman entre los 28.0 y los 53.8 mil millones de dólares (según diversas fuentes como el Institute for Applied Economics de los Ángeles o Los Angeles County Economic Development Corporation). Diversos organismos de estudios económicos, aseguradoras y fondos de compensación estiman que las pérdidas totales podrían superar los 100.000 millones
Poco antes el huracán Helene produjo daños en Carolina del Norte que podrían superar los 78.7 mil millones de dólares según la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration).
Don’t Look Up
Sin embargo, hacemos lo contrario. En la película de 2021 «Don’t Look Up» (No mires arriba) dos astrónomos descubren un cometa cuyo rumbo le llevará a chocar con la Tierra dentro de seis meses. El cometa es lo suficientemente grande como para resultar ser un riesgo existencial. Todo indica que causará un evento de extinción masiva que terminará con la civilización. Alarmados presentan sus descubrimientos a la presidenta de Estados Unidos en la Casa Blanca. Pero a pesar de que sus pruebas son irrefutables les reciben con incredulidad, desconfianza y apatía.
El cometa es una analogía del cambio climático y la crisis de la biodiversidad. La película una sátira sobre la indiferencia de administraciones, empresas, medios de comunicación y de la humanidad en general ante una crisis climática y ecológica que va a llevarnos, queramos o no, a cambios significativos en nuestro estilo de vida. Estos cambios, si los planificamos bien y a tiempo, van a tener un efecto menor que si seguimos con la estrategia de «Don’t Look Up» dejando que la situación empeore tanto que finalmente tenga un impacto mucho más grande en nuestras vidas.
Para poder elegir la mejor solución conviene tener una idea lo más exacta posible de lo que está pasando. Una idea que ajuste lo más rigurosamente posible a la verdad objetiva. Para ello nada mejor que emplear el método científico.
La ciencia tras el Riesgo Catastrófico Global y el Riesgo Existencial
En este sentido, el más completo, riguroso y reciente meta-análisis de los artículos científicos de más impacto publicados en las revistas más exigentes revisadas por pares sobre la situación más probable de la humanidad en un rango temporal que se inicia entre el 2030-2040 y termina en el 2100, corrobora que solo durante la última década se publicaron alrededor de 3.500 de estos documentos advirtiendo que la humanidad está afrontando un momento de extraordinario peligro, probablemente el mayor de toda su existencia como especie, debido a que diversos problemas que tienen que ver con el funcionamiento físico y biológico de la Tierra (nuestro único hogar) principalmente el calentamiento global, la crisis de la biodiversidad, la contaminación y el agotamiento de recursos, se nos están escapando de las manos colocándonos en una situación potencial de Riesgo Catastrófico Global (CGR), e incluso en una situación de Riesgo Existencial (ER)1.
El Riesgo Catastrófico Global (CGR) se define como el riesgo de muerte catastrófica de una fracción significativa de los seres humanos, seguido de una perdida enorme del bienestar para aquellos que sobrevivan, lo que también puede definirse como colapso de la civilización 1.
El Riesgo Existencial (ER) se define como la extinción completa de la humanidad 1. La publicación de tan ingente cantidad de artículos científicos sobre este tema, que cada vez crece más rápidamente, resulta un buen estimador del gran consenso existente entre los científicos expertos en el funcionamiento de nuestro planeta 1.
Las ideas de los que disponen del mejor conocimiento
Tampoco faltan las declaraciones personales de buena parte de los científicos más destacados del mundo, por ejemplo, Roger Penrose (Catedrático en Oxford, Premio Nobel de Física en 2020, Fellow de la Royal Society y de la National Academic Science USA, físico, matemático, informático, filósofo, escritor y divulgador científico), considerado de manera prácticamente unánimemente como el mejor científico vivo del mundo.
Penrose argumenta que la Sexta Gran Extinción no solo es ya totalmente irreversible, sino que es el mayor riesgo existencial al que se enfrenta la humanidad. Según sus palabras en una reciente conferencia en Oxford:
«Incluso si la humanidad lograra una gestión ambiental perfecta mañana, si detuviéramos toda destrucción de hábitats, elimináramos la contaminación y resolviéramos el cambio climático de inmediato, los procesos que hemos puesto en marcha continuarán desarrollándose durante siglos o milenios. La sexta extinción masiva es ya imparable y sus consecuencias sobre la humanidad desastrosas».
El Profesor Martin Rees, el Astrónomo Real y por tanto Lord, Miembro del Trinity College, Profesor de Cosmología y Astrofísica en la Universidad de Cambridge, Presidente de la Royal Society y una de las pocas personas en ganar el prestigioso premio Albert Einstein de Física por su descubrimiento de la materia oscura y su papel frenando la expansión del Universo y autor de más de 500 artículos científicos de alto impacto, escribió un libro desolador sobre el grave riesgo existencial que corremos titulado «Our Final Century?». Podemos encontrar cientos de declaraciones de los científicos más destacados en este sentido, pero apenas las hay en el sentido contrario.
Este gran consenso científico empezó a gestarse con advertencias de premios Nobel como Svante Arrhenius ya a finales del siglo XIX. Por ejemplo, en 1896 Arrhenius advirtió que la quema de combustibles fósiles provocaría un calentamiento global que nos pondría en grave peligro hacia mediados del siglo XIX. Pero en los años 80 del pasado siglo destacados físicos teóricos como Brandon Carter o Richard Gott estudiaron de una manera matemáticamente muy rigurosa el riesgo existencial (ER) que corría la humanidad 2, 3, desarrollando poderosos argumentos, como el argumento del Juicio Final 2 o el Argumento Delta t 3, para predecir el final de la humanidad. No podemos saber si acertarán, pero la potencia de sus herramientas matemáticas es tan fuerte que en 1969 Gott calculó mediante un modelo matemático Delta t cuando caería el Muro de Berlín. Acertó plenamente. Este tipo de modelos matemáticos también permitieron predecir con gran exactitud desde la duración de distintos regímenes dictatoriales o el tiempo que permanecerían representándose diferentes musicales de Broadway 3.
Desde entonces los estudios sobre los riesgos extremos, desarrollados mediante la aplicación rigurosa del método científico, se han ido multiplicado por un factor de 10 cada pocos años, acelerándose cada vez más en el tiempo 1.
Advertencia de los «científicos del mundo» a la humanidad
Por otra parte ya ha habido dos grandes avisos, denominados: «Advertencia de científicos del mundo a la humanidad«, el primer aviso en 1992 y el segundo en 2017, respaldados por más de 15.000 expertos, que alertan sobre la emergencia climática (el planeta enfrenta una crisis debido al calentamiento global por gases de efecto invernadero procedentes de la quema de los combustibles fósiles), la destrucción ambiental irreversible con la crisis catastrófica de la biodiversidad que está dando lugar a la 6ª Gran Extinción, la escasez de agua dulce, la desertificación, la deforestación, el colapso de los recursos, etc.
Este año se publicará la tercera «Advertencia de científicos del mundo a la humanidad« firmado por decenas de miles de científicos, instando a cambiar radical y urgentemente las formas de vida actuales, incluido un llamamiento a que es imprescindible caminar hacia el decrecimiento, si queremos alejar de nosotros los Riesgos Catastróficos Globales y los Riesgos Existenciales.
Pero además de estos 3 llamamientos ha habido advertencias puntuales de científicos sobre peligros muy importantes como los grandes problemas de la eutrofización de las aguas continentales y la contaminación de aguas subterráneas, el colapso de los ecosistemas marinos y la crisis de las pesquerías, la contaminación, la pérdida de variabilidad genética, las especies invasoras, los mega-incendios forestales, la extinción de organismos de los que conseguimos medicamentos y un largo etc. 4
En toda esta crisis global las pandemias, que sin duda llegarán, también podrían jugar un papel destacado, como pudimos comprobar durante la COVID-19, pese a que el SARS-CoV-2 fue un virus de baja letalidad. Enfermedades emergentes graves que afecten a nuestros animales de abasto y a nuestras plantas agrícolas también podrían ponernos en situaciones muy comprometidas 5. En este momento estamos en una situación de riesgo por la gripe aviar (H5N1). La comunidad científica vigila con extrema preocupación su salto a mamíferos, ante el temor de que desarrolle la capacidad de transmisión entre humanos y provoque una pandemia con una letalidad que podría emular —o superar— la de la gripe ‘española’ de 1918-1919, que causó más de 50 millones de muertes.
Instituciones emergentes para afrontar el Riesgo Catastrófico Global
El Riesgo Catastrófico Global introduce un desafío inédito para la seguridad jurídica: el colapso de la «presunción de estabilidad». Si el marco ambiental sobre el que se asientan nuestros contratos, seguros y leyes de propiedad se tambalea, el Derecho debería volverse más proactivo buscando la resiliencia.
Ante este panorama no es de extrañar que cada vez más instituciones públicas y privadas estén dedicando departamentos específicos dotados de muchos recursos al análisis del Riesgo Catastrófico Global y del Riesgo Existencial (por ejemplo centros académicos como la Universidad de Cambridge y la de Oxford 6, 7, entidades vinculadas a la Defensa Nacional como la Corporación RAND Homeland Security Operational Analysis Center 8, pasando por fundaciones internacionales e influyentes Think Tanks como Global Challenges Foundation 9).
Así mismo varios grupos de estudios económicos y jurídicos, colaborando en muchos casos con científicos, están trabajando sobre las consecuencias en la economía y el derecho de los Riesgos Catastróficos Globales (RCG), generalmente enfocados a la necesidad de conseguir bienes públicos intergeneracionales, a la gobernanza global eficaz, a buscar soluciones basadas en la regulación internacional del mercado de externalidades, etc. 10, 11, 12, 13.
El reloj del Juicio Final
En este sentido la asociación de Científicos Atómicos, que incluye a más de una docena de los más relevantes premios Nobel, creó el «Doomsday Clock» -el Reloj del fin del mundo- con el que representan lo cerca que la que la humanidad está de la destrucción total (Riesgo existencial) empleando un símil: cuánto falta para que el reloj marque las 12:00 de la noche (la hora del Apocalipsis) 14. Por tener una referencia, durante los peores momentos de la Crisis de los Misiles en Cuba (1962) el reloj se mantuvo a 7 minutos de las fatídicas 12 horas. Un año después (1963) se alejó a 12 minutos tras la firma del Tratado de Prohibición Parcial de Ensayos Nucleares. Con la firma del tratado START 1 el reloj del juicio final llegó a estar a 17 minutos de las 12:00 14. En la actualidad (marzo de 2026) el reloj del apocalipsis está a solo 85 segundos (nunca estuvo tan cerca), pero esta vez el peligro no es solo la destrucción nuclear, sino que ahora el principal enemigo es el calentamiento global antropogénico debido a la quema de combustibles fósiles14.
¿Por qué los Astronautas son más radicales?
Además de los científicos, otros colectivos también están advirtiéndonos de la urgencia de abandonar de una vez por todas la estrategia de «Don’t Look Up«. Uno de ellos está formado por quienes vieron la Tierra desde más alto: los astronautas. Ser astronauta es -con mucho- el oficio más difícil de la humanidad donde hace falta mayor preparación y la selección es más dura (apenas 1 de cada 14.000 solicitantes que cumplen todos los estrictos requisitos solicitados es seleccionado y ni siquiera todos los seleccionados acaban yendo al espacio; hasta el momento solo 791 seres humanos estuvieron en el espacio).
Así muchos de quienes han estado en la Estación Espacial Internacional aseguran que el ver nuestro planeta desde el espacio los ha llevado a experimentar el «efecto perspectiva«. Se trata de un cambio extremadamente profundo en los valores que consideraban más importantes antes de su experiencia espacial (la prosperidad económica y el crecimiento, la identidad y soberanía nacional, el desarrollo…) pero que tras contemplar desde el espacio la extrema fragilidad de los sistemas esenciales para la vida en la Tierra (atmósfera, océanos, ecosistemas planetarios…) que la sociedad trata como si principalmente existieran para servir a la economía global, se dieron cuenta de que:
«Tratar los recursos naturales como subsidiarios del crecimiento económico es el mayor error que han cometido los humanos en toda su historia«.
Sorprende que entre todos ellos los astronautas con una formación más militar como Ron Garan son en general quienes más se han implicado en la lucha ambiental.
No debe extrañarnos. Las reivindicaciones ambientalistas de los astronautas vienen de lejos: el 24 de diciembre de 1968, durante la misión Apolo 8, Bill Anders tomó su famosa foto «Earthrise» donde se ve a la Tierra como un pequeño planeta azul elevándose sobre la vastedad desolada del horizonte de la Luna. Esta fue la imagen que más cambió la perspectiva que la humanidad a tenía sobre su planeta y sin duda el documento científico que más hizo despertar la conciencia ambiental.

«La Cornucopia nos salvará»
Por supuesto mucha gente, especialmente desde el mundo de la economía y el derecho, aunque también algunos ingenieros, cree que no existe ninguna amenaza de Riesgo Catastrófico Global y mucho menos de Riesgo Existencial. Así se publican cierta cantidad de artículos en contra de que vaya a ocurrir algún tipo de colapso o de que estemos en peligro. Incluso mucha gente piensa que nunca vivimos mejor y que en un futuro próximo todavía viviremos mejor. Pero la gran mayoría de estudios negando estos riesgos no gozan de consenso científico, pues se efectuaron por personas que no entienden el funcionamiento físico y biológico de la Tierra, o que no aplican el método científico o, peor aún, fueron escritos por científicos que han incurrido en conflicto de interés (algo que analizaremos con detalle en un próximo artículo).
Pese a ello conviene analizarlos: en este sentido el principal argumento serio esgrimido por quienes niegan este peligro potencial es que seremos capaces de encontrar una solución tecnológica capaz de dar soluciones a los problemas que hoy en día nos parecen insalvables tal y como ha ocurrido hasta ahora en la historia de la humanidad. Indudablemente se trata de un argumento sólido, aunque difícil de contrastar. Sin duda se debería debatir rigurosamente sobre todo esto: propongamos hipótesis, tanto sobre la ocurrencia de colapsos como sobre su no ocurrencia, e intentemos falsarlas.
Para ello conviene hacerse algunas preguntas:
¿Cuál es el potencial que el cambio climático, la crisis de la biodiversidad, el agotamiento de recursos, la contaminación y las pandemias tienen para impulsar eventos de Riesgo Catastrófico Global o de Riesgo Existencial?
A estos problemas de mal funcionamiento de la Tierra como consecuencia del excesivo impacto de la humanidad se podrían añadir otros como la amenaza de la guerra nuclear o las disrupciones tecnológicas con lo que cabe preguntarse:
¿Cuáles son las fragilidades de la sociedad humana moderna que nos hacen vulnerables al Riesgo Catastrófico Global o al Riesgo Existencial?
Pero sobre todo la pregunta fundamental es: ¿Cuáles son las soluciones?
Conviene sintetizar todas estas amenazas potenciales en una evaluación integrada del peligro de colapso. Es hora de enfrentarse al desafío de entender cómo podría ocurrir el colapso en un mundo cada vez más complejo, con nuevos desafíos emergentes y más difícil de gestionar. Pero sobre todo es hora de averiguar qué podemos hacer para evitarlo.
¿Como evaluar correctamente el peligro de colapso?
Se trata de un debate esencial. En un debate científico la estrategia de cómo abordarlo está clara: las matemáticas de la teoría de juegos, la teoría de la decisión y la teoría de catástrofes, con una larga tradición -especialmente desarrollada durante la Guerra Fría-, nos indican que la mejor estrategia para estudiar el Riesgo Catastrófico Global y el Riesgo Existencial es «ponernos en lo peor» en nuestros estudios teóricos, aunque «esperemos lo mejor» en nuestras vidas.
La gestión de riesgos bien hecha exige que evaluemos a fondo los peores escenarios posibles.
Considerando que no existe un planeta B. Nos jugamos demasiado como para abstenernos de examinar escenarios de alto impacto, aunque sean de baja probabilidad.
Existen abordajes matemáticos como el minimax de teoría de juegos, con una larguísima tradición, que han demostrado ser muy eficaces para planificar estrategias de riesgos con alta incertidumbre 15. En todo caso la incertidumbre debe llamar a la precaución y no a la complacencia.
También a la hora de estudiar el Riesgo Catastrófico Global y el Riesgo Existencial, los científicos debemos reconocer nuestros errores: nos hemos puesto del lado de «Erring on the side of least drama» (Errar por el lado del menor drama) 16. No se ha considerado que un mundo en que dirigentes políticos y económicos actúan con enfoques cortoplacistas, cuando no son negacionistas, sobre la posibilidad del colapso, genera/fomenta subvenciones a científicos que se quedan muy cortos a la hora de evaluar el peligro de un futuro próximo. En este contexto, y para no dificultar algún posible consenso con políticos y economistas, los científicos nos hemos puesto en el más optimista de los escenarios posibles 16. Esta falta de rigor, en cierto modo “traiciona” al ciudadano medio (la humanidad) que es quién con sus impuestos sustenta el sistema de ciencia y tecnología. De hecho, existe un concepto académico llamado «Scientific Reticence» (acuñado por James Hansen). Describe cómo los científicos, para no parecer alarmistas o «activistas», tienden a publicar las estimaciones más conservadoras.
A fin de cuentas, los científicos no queremos ser los augures de la catástrofe. Por culpa de esto se han tomado decisiones científicamente equivocadas: por ejemplo, como hace muchos años se planteó la decisión política de reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera para que la temperatura media de la Tierra no aumentase más que 1.5ºC y en el peor de los casos nunca más de 2ºC, la gran mayoría de los modelos sobre los efectos del calentamiento global asumen que solo habrá un incremento de 1.5ºC 17. Esta cifra ya se ha superado y nadie duda de que el calentamiento será mucho mayor. Apenas se han trasladado a las políticas públicas y a la gestión de riesgos los modelos que contemplan escenarios superiores a los 2,5°C o 3°C, tratándolos como anomalías estadísticas cuando son trayectorias realistas (los llamados escenarios SSP3-7.0 o SSP5-8.5 del IPCC, que contemplan subidas de 3°C o 4°C).
Sin embargo, la aplicación rigurosa del método científico implica que trabajemos con modelos «Fat tails«, con resultados probables extremos de muy alto impacto 18. De hecho, sabemos que es altamente probable que los daños climáticos no sean lineales y resulten en problemas aún mucho mayores que estos peores escenarios: por ejemplo, un calentamiento de 6ºC -que de seguir liberando CO2 al ritmo actual durante un poco más que un par de décadas podría alcanzarse antes del final del siglo XXI- representaría no solo un riesgo existencial para la humanidad sino también el final de gran parte de la vida en la Tierra (sin duda la nuestra) 19. Nos jugamos demasiado para mirar hacia otro lado y no afrontar científicamente el Riesgo Catastrófico Global y el Riesgo Existencial.
¿Vale la pena «Don’t Look Up» y seguir aferrados a viejas creencias sin fundamento científico alguno? o… ¿Es mejor enfrentarnos a los hechos aplicando rigurosamente el método científico, la manera más eficaz que desarrolló la humanidad para conocer la realidad objetiva?
Puede que no nos guste lo que los científicos decimos. Pero la llegada de una Catástrofe Global o de una Catástrofe Existencial no es irreversible. Podemos hacer mucho para protegernos del Riesgo Catastrófico Global y del Riesgo Existencial. De hecho, nunca dispusimos de herramientas científicas y tecnológicas tan potentes para enfrentarnos a los problemas. Tampoco nunca manejamos tantos recursos, ni fuimos tan ricos.
Sin duda el primer paso para enfrentarnos correctamente a los problemas derivados del cambio global antropogénico es conocerlo, decidir qué medidas se deben tomar y evitar una actitud de «Don’t Look Up«.
Desde Ciencia en Sociedad de FIDE pensamos que siempre es mejor enfrentarse a los problemas aplicando el método científico. Presentamos aquí una serie de artículos donde los científicos expondremos un problema concreto de cambio climático, pérdida de biodiversidad, agotamiento de recursos, contaminación, pandemias, etc., que ya esté afectando a nuestro país y que se espere que vaya a empeorar en un futuro próximo y haremos preguntas a economistas y juristas sobre cómo podríamos actuar para mitigarlos.
La paradoja es que los economistas y juristas, que desconocen el funcionamiento físico y biológico del planeta, pueden cambiar las cosas, mientras que los científicos, que conocemos como funciona la Tierra, no tenemos la capacidad de hacerlo.
Deberíamos trabajar conjuntamente.
Referencias
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3. Gott R. J. 1993. «Implications of the Copernican principle for our future prospects». Nature 363 (6427): 315-319.doi:10.1038/363315a0. S2CID 4252750.
4. De los centenares de advertencias de científicos a la humanidad tan solo se recogen aquí algunas de ellas a modo de ejemplo:
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5. De los centenares de advertencias sobre posibles pandemias a las que nos enfrentaremos en un futuro próximo tan solo se recogen aquí unos pocos ejemplos:
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6. Centre for the Study of Existential Risk (CSER) at the University of Cambridge: Focuses on AI, biological, and environmental risks.
7. Future of Humanity Institute (FHI) at Oxford University: Produces foundational research on existential risk, AI, and economics.
8. Willis, H. H. et al. Global Catastrophic Risk Assessment, RAND Corporation, ISBN-10: 1977413331, 2024
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15. Podemos ver los fundamentos de las estrategias minimax en:
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16. Este problema se analiza en detalle en:
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Oppenheimer, M., Oreskes, N., Jamieson, D., Brysse, K., & O’Reilly, J. (2019). Discerning Experts: The Practices of Scientific Assessment for Environmental Policy Chicago: Univ.
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17. Kemp, L., Xu, C., Depledge, J., Ebi, K. L., Gibbins, G., Kohler, T. A., … & Lenton, T. M. (2022). Climate endgame: Exploring catastrophic climate change scenarios. Proceedings of the National Academy of Sciences, 119(34), e2108146119.
18. G. Wagner, M. L. Weitzman, Climate Shock: The Economic Consequences of a Hotter Planet (Princeton University Press, 2015).
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