La sesión “El concepto One Health: historia, ámbitos y prioridades” abordó la interconexión entre la salud humana, animal y ambiental desde un enfoque transversal y multidisciplinar. Se analizaron los retos globales como la pérdida de biodiversidad, la resistencia antimicrobiana o la emergencia climática, así como ejemplos prácticos y su dimensión jurídica. El debate destacó la importancia de la vigilancia y la prevención, la colaboración entre disciplinas y la necesidad de actuar sin alarmismo, pero con plena conciencia de los riesgos.
El pasado jueves 26 de junio tuvo lugar, en la sede de Fide, la sesión titulada «El concepto One Health: historia, ámbitos y prioridades», enmarcada en el Foro Ciencia en Sociedad. Una iniciativa que busca tender puentes entre el conocimiento científico y los debates jurídicos, económicos y sociales, fomentando el diálogo interdisciplinar y el pensamiento crítico.
La sesión contó con la participación de Victoria López Rodas, catedrática de Genética en la Universidad Complutense de Madrid y directora del grupo ALBIOTOX, y de Luis Miguel Ortega Mora, catedrático de Sanidad Animal en la misma universidad, director del grupo SALUVET y promotor de la ETCU-UCM SALUVET-Innova S.L. El debate fue moderado por David Mellado Ramírez, socio de PwC, abogado del Estado y consejero académico de Fide.
La sesión se abrió con una afirmación que marcaría el hilo conductor de todas las intervenciones:
“Sin salud no hay vida y sin vida no hay nada.”
A partir de esa idea, se destacó la relevancia creciente del enfoque One Health, considerado uno de los conceptos más estratégicos en el panorama científico, jurídico y político actual. Aunque el término tiene más de 200 años de historia, ha sido en las últimas dos décadas cuando ha consolidado su uso como marco operativo transversal.
One Health integra la salud humana, animal ,vegetal, y mediomabiental, insistiendo en que los grandes desafíos sanitarios no pueden abordarse desde disciplinas aisladas. Se remarcó la necesidad de una colaboración real entre profesionales de distintos sectores, en especial en contextos complejos y globales. Como elementos clave para que este enfoque funcione, se destacaron las llamadas “4C”: (I) Comunicación entre sectores y niveles; (II) Coordinación institucional; (III) Colaboración multidisciplinar; (IV) Desarrollo de Capacidades.
El auge del concepto One Health se refleja también de forma evidente en la literatura científica. En los últimos 20 años, el término ha generado más de un millón de entradas en PubMed, una de las principales bases de datos internacionales de publicaciones biomédicas y de ciencias de la vida. Esta cifra supera ampliamente a las de enfermedades como la tuberculosis (alrededor de 300.000 entradas) o la malaria (menos de 300.000), lo que ilustra su transversalidad y creciente adopción global.
Para contextualizar el origen y evolución del concepto, se repasaron tres hitos clave que cimentan el concepto One Health:
- Rudolf Virchow, considerado el padre de la patología celular, afirmó que “entre la medicina humana y la medicina veterinaria no existen líneas divisorias, ni deben existir”, anticipando ya en el siglo XIX la necesidad de una visión integrada de la salud.
- La posterior definición de zoonosis como “enfermedades infecciosas que se transmiten de forma natural entre animales vertebrados y humanos”, y el dato impactante de que el 60 % de las enfermedades infecciosas humanas conocidas son zoonósicas, al igual que tres de cada cinco enfermedades emergentes que surgen cada año.
- La consolidación del término “Una sola medicina” (One Medicine) por Calvin Schwabe, que ha sido adoptado por organizaciones internacionales como la OMS, la FAO o la ONU bajo la consigna “Un solo mundo – Una sola salud”.
Seguidamente, se analizó como toda pandemia sigue un modelo en tres fases: la invasión de ecosistemas silvestres por humanos y animales domésticos, entrando en contacto con microorganismos desconocidos; la transmisión entre animales domésticos y el salto eventual a humanos; y, por último, la diseminación global en un mundo interconectado. Se subrayó que el proceso también puede darse a la inversa, como en el caso del SARS-CoV-2, que ha podido transmitirse de humanos a animales de compañía como perros y gatos. La historia ofrece múltiples ejemplos del impacto de las pandemias: desde la plaga de Justiniano, que causó entre 20 y 30 millones de muertes, hasta la Peste Negra, responsable de unos 200 millones de fallecimientos y de profundas transformaciones culturales y demográficas.
En cuanto a los retos de futuro, se identificaron cinco grandes desafíos en el horizonte de One Health:
- El crecimiento del censo poblacional mundial, con previsiones de alcanzar los 10.000 millones de personas en 2100.
- El consiguiente aumento de la demanda de alimentos animales y vegetales.
- La emergencia climática y la sobreexplotación ambiental.
- La pérdida de biodiversidad asociada al aumento de zoonosis.
- El incremento del comercio global, que multiplica la movilidad de vectores y agentes patógenos.
Durante la sesión se presentaron cuatro ejemplos que ilustran la aplicabilidad práctica del enfoque.
1. Sanidad ambiental: la gran olvidada
Vivimos en el Antropoceno, una era en la que el ser humano se ha convertido en el principal agente de transformación ecológica, generando cambios a nivel planetario que determinan el incremento de la temperatura del planeta, la superpoblación, la contaminación, la destrucción o fragmentación de hábitats, la pérdida de biodiversidad, la acidificación de los océanos y la eutrofización. Todos estos fenómenos constituyen lo que se ha denominado de manera genérica Cambio Global.
Como consecuencia de las actividades humanas influimos de manera decisiva sobre los ecosistemas generando alteraciones en los ciclos biogeoquímicos y en el reciclado de nutrientes en la naturaleza provocando desviaciones que afectan de manera directa a la salud ambiental que es la salud de los ecosistemas.
Se abordó el proceso de eutrofización: la liberación masiva de nitrógeno y fósforo al medio y sus consecuencias en los ecosistemas acuáticos tanto en las aguas dulces como marinas.
La agricultura intensiva para alimentar a la cada vez más numerosa población humana (en la actualidad somos 8.400 millones de personas) necesita la adición de componentes nitrogenados, pero solo entre un 10 y un 40% del nitrógeno es aprovechado por los cultivos, el resto se libera a la atmósfera o al agua provocando una proliferación masiva del fitoplancton (cianobacterias y microalgas) que son los productores primarios en los ecosistemas acuáticos y el inicio de las cadenas tróficas en el agua. Estos crecimientos explosivos son conocidos como flores de agua en las aguas continentales y como mareas rojas en las aguas marinas.
De las aproximadamente 220.000 especies de fitoplancton, se conocen más de 100 que son capaces de producir potentes toxinas que influyen directamente sobre la pesca, la acuicultura y el turismo, determinando grandes pérdidas económicas para los distintos sectores.
Se explicaron varios ejemplos de cómo estas toxinas (para en las que en muchos casos no existe no existe regulación) afectan a la salud humana, animal y medioambiental: en el agua de bebida, en los alimentos obtenidos del ecosistema acuático y en la salud del propio ecosistema.
Por último se hizo una reflexión de como fenómenos naturales que forman parte de la sucesión ecológica natural se están incrementando como consecuencia de la eutrofización haciendo colapsar los recursos (agua, pesca, acuicultura…) e influyendo directamente sobre la salud humana, animal y medioambiental, determinando graves pérdidas económicas y una necesidad acuciante de normativa para el correcto desarrollo de los distintos procesos productivos.
2. Gripe aviar: impacto económico y salto interespecie
La influenza aviar ha afectado en EE.UU. a más de 168 millones de aves en tres años, con una elevada mortalidad y un fuerte impacto en el precio de productos básicos como el huevo.
Lo preocupante es la capacidad del virus para adaptarse a nuevas especies, incluyendo más de 200 especies de mamíferos, e incluso a nuevos nichos ecológicos en algunas especies como el epitelio de la glándula mamaria de la vaca, pudiéndose eliminar el virus con la leche. Aunque los casos humanos en EE.UU. han sido escasos (unos 70, principalmente en trabajadores de granja), la situación exige vigilancia constante y control proactivo para evitar los siguientes pasos.
3. Resistencia antimicrobiana: la gran amenaza silenciosa
La resistencia a antibióticos ya provoca muertes documentadas y se espera que empeore. La EFSA y ECDC han implementado programas de acción, pero el problema es global. En términos económicos, para 2050 se estima una reducción del 1 % del PIB mundial en el mejor escenario, y entre el 3 % y 4 % en el peor, con un impacto desproporcionado en países en desarrollo.
4. La Península Ibérica: puente entre Europa y África
La Península Ibérica es un puente natural entre África y Europa. Las aves migratorias pueden transportar garrapatas infectadas con virus como el Crimea-Congo, ampliamente presente en África occidental (con una prevalencia del 50-60 % en rumiantes en esta zona). Los casos detectados en España y Bulgaria son genéticamente idénticos a los africanos.
Otro ejemplo es la fiebre del Valle del Rift, una zoonosis ampliamente presente en el África subsahariana y transmitida por mosquitos. Las calimas saharianas (viento + arena) pueden transportar vectores infecciosos a más de 700–800 km. La existencia de sistemas de vigilancia activa y pasiva puede ayudar a detectar de forma precoz la presencia de casos en nuestro país.
También se destacó que el enfoque One Health está cobrando creciente peso en el ámbito jurídico. Ya existen publicaciones especializadas y se observa una mayor presencia normativa, tanto en legislación europea como nacional.
Concluida la exposición de los ejemplos prácticos, se abrió el turno de preguntas, que dio paso a un intercambio especialmente enriquecedor y plural. Este espacio permitió profundizar en varios de los temas tratados desde perspectivas jurídicas, científicas y sociales. Se destacó, en primer lugar, la infrarepresentación histórica del mundo veterinario en la gestión de crisis sanitarias como la del COVID-19, a pesar de su papel esencial en la vigilancia de enfermedades zoonósicas.
Se abrió además un interesante debate sobre la responsabilidad legal ante crisis One Health: ¿cómo establecer la relación de causalidad en eventos sanitarios de origen ambiental o animal? ¿Quién debe asumir la responsabilidad si no se aplican políticas preventivas adecuadas? Varios intervinientes apuntaron que los avances científicos actuales permiten una trazabilidad mucho más precisa de los agentes causales, lo que debería facilitar una mayor exigencia jurídica.
Además, se abordó el desconocimiento actual sobre especies productoras de toxinas, y la necesidad de continuar investigando en este campo. Se remarcó la extraordinaria adaptabilidad de los microorganismos, presentes incluso en ambientes extremos como aceites industriales o reactores nucleares.
Finalmente, surgió un intenso interés en torno a la relación entre la pérdida de biodiversidad y el aumento de las zoonosis. Se recordó que el salto de patógenos desde animales salvajes a domésticos o humanos ocurre con mayor frecuencia cuando se invade su hábitat. Ejemplos como los murciélagos, que albergan decenas de especies de virus, muchas aún desconocidas, o virus como el Ébola o el Nipah, muestran cómo la presión humana sobre ecosistemas vírgenes puede desencadenar brotes con alto impacto sanitario.
La sesión puso de manifiesto la necesidad de adoptar un enfoque informado, riguroso y equilibrado ante los grandes desafíos que plantea One Health. Lejos del alarmismo, se defendió la importancia de ser conscientes, conocer la realidad científica, controlar los riesgos existentes y establecer medidas eficaces de mitigación que permitan anticiparse a futuras crisis sanitarias, ambientales o sociales.
Solo desde una visión integradora, basada en la evidencia, la prevención y la cooperación entre disciplinas, será posible abordar con eficacia problemas tan complejos como las zoonosis emergentes, la resistencia antimicrobiana o el deterioro ambiental. El enfoque One Health no es solo una prioridad científica, sino también una herramienta estratégica de gobernanza y responsabilidad colectiva.
Escucha la conversación entre Luis Ortega Mora y María José Gómez Yubero sobre los principales retos emergentes en materia de One Health:





